Mauthausen, fútbol, Hitler

El futbolista de Mauthausen

Saturnino Navazo Tapias era un burgalés que nació en 1914. Cuando tenía 7 años se trasladó con su familia a Madrid. En la capital iba a comenzar a disfrutar de su gran pasión: el fútbol. Formado en las categorías inferiores del Club Deportivo Nacional de Madrid (conjunto desaparecido en 1939), debuta en el primer equipo con 17 años. En el equipo madrileño se destapa como un centrocampista talentoso y es uno de los líderes del conjunto que logró el título de Tercera División y que jugó dos años en Segunda.  Con el conjunto verdiblanco llegó a proclamarse campeón de la Copa de Castilla, derrotando a equipos de la talla del Athletic de Madrid o del Real Madrid.

En el 1936 estalló la Guerra Civil y esto iba a suponer un punto de inflexión en la vida de Saturnino. El medio estaba cerca de cambiar el verdiblanco del Nacional de Madrid por el del Real Betis. Este fichaje nunca se llegó a concretar. Cuando comenzó la guerra, Saturnino Navazo se encontraba en el bando republicano. Llegó a combatir en el conflicto del 36, primero en el frente de Levante y luego en el de Cataluña. Cruzó los Pirineos huyendo de las tropas sublevadas pero fue apresado en Toulouse por los nazis en 1940. Allí comenzó un nuevo horror para el futbolista ya que fue enviado al campo de concentración de Mauthausen.

Saturnino Navazo, en el Club Deportivo Nacional de Madrid

En el campo de concentración austriaco les despojaron de su ropa y de su identidad. Dejaba de tener un nombre para ser un número, el 5.656. Al principio estaba destinado a realizar trabajos forzosos, en la cantera, recogiendo piedras o empujando los vagones. Uno de aquellos vagones acabó cortándole un dedo de la mano. Con el paso del tiempo se ganó una posición de privilegio gracias a sus dotes con el balón. Y es que a los nazis les encantaba el fútbol y sobre todo cómo jugaba aquel chico burgalés. Los domingos eran los días de partido y los oficiales de Mauthausen obligaban a los prisioneros a jugar. Los militares designaron a Saturnino como el jefe de barracón. Iba a a ser el encargado de controlar a 200 compatriotas y lo pasaron a los puestos de cocina para que llegase más descansado a los partidos del domingo. Desde la cocina iba a ayudar a sus compañeros,  entregándoles comida a escondidas de sus superiores.

Hubo un momento en el que la vida de Navazo en Mauthausen iba a dar otro giro inesperado. Al campo austriaco acababa de llegar un niño rubio de ojos azules que procedía de Auschwitz. Se llamaba Siegfreid Meir. El niño, tatuado con el número 117.943, acababa de presenciar la muerte de su familia en Auschwitz y creía que lo habían trasladado a Austria para matarlo. Allí, Bachmayer, comandante del campo, se apiadó de él tras montar un escándalo en alemán porque le querían cortar el pelo.

Te voy a confiar a la barraca de los españoles”

Palabras de Bachmayer a Meir

El comandante llamó a Navazo y le dijo a Navazo que el niño era su responsabilidad. 

Nunca olvidaré esa primera mirada. Él sonrió, me cogió por la espalda y nos fuimos. A partir de entonces íbamos a todas partes juntos; yo era como el perrito de Navazo, y él fue como mi ángel de la guarda”

Siegfreid Meir

Crearon un fuerte vínculo. Navazo era su protector en el campo, le calmaba cuando se ponía nervioso y mismo le enseñó castellano. Por su parte, Meir le ayudaba en todo lo relacionado con el fútbol: preparar los partidos, la ropa para jugar y le daba masajes antes de cada día de fútbol.

Primero (de pie) por la derecha. Saturnino Navazo. Imagen: álbum personal de Siegfreid Meir

El 5 de mayo de 1945, las tropas americanas liberan el campo de Mauthausen. La felicidad inundó a los prisioneros aunque no podían olvidar a los cientos de cadáveres que había allí. El niño le pidió a Navazo que lo llevase con él, así que el jugador urdió un plan para que el ejército de los EEUU no los separase:

Te llamas Luis Navazo. Vives en la calle de Don Quijote, número 49, de Cuatro Caminos, en Madrid”

Siegfreid Meir repitió estas palabras delante de los americanos que los dejaron salir juntos de allí.

Como Navazo había estado enrolado en la Armada Francesa para luchar contra los nazis, el país galo le ofreció asilo. Se instalaron en Revel donde comenzaron una nueva vida juntos. Meir fue a la escuela donde a sus 11 años, compartía clase con niños de 6. Navazo trabajó como ebanista donde conocería a su mujer con la que tuvo 4 hijos. Saturnino siguió activo en su militancia política formando parte del entonces ilegalizado PSOE en el exilio. También jugó al fútbol, en la Union Sportive Revenoise, donde ganó la copa regional durante tres años seguidos. La mala relación entre la esposa y Meir, por el carácter indomable de este, hizo que a los 14 años se marchase de casa para ganarse la vida. Primero comenzó siendo sastre, pero acabaría obteniendo éxito gracias a ser cantante.

El 27 de Noviembre de 1986, fallecía Saturnino Navazo.

 

 

 

 

 

 

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