histerias de entrenador

Collejas de lija

3:00 A.M.

Cambre duerme y este partisano del fútbol se da media vuelta para apagar el despertador. La primera batalla se saldó con victoria: el míster de pie, fajado en el chandal Asics, desayunando a oscuras. Pensando ya en el partido de As Pontes sale de casa. Aún quedan 10 horas. La mala hostia, la mala hostia, aquí viene la mala hostia.

 

4:00 A.M.

Ya cabreado, José Luis le da vueltas al 3-4-3, a las locas maneras del portero, a la apatía de la banda izquierda. Hasta que reflexiona sobre su propia vehemencia y las tinieblas desaparecen. De repente suena Humberto Tozzi en la radio, sube el volumen y aporrea el volante de la Vito mientras canta a viva voz: Gloria, Gloria, chiesa di campagna, Gloria…”. Hasta que llega a la nave y vuelve la mala hostia.

 

7:00 A.M.

Después de ver la cara de todos esos kioskeros que odia, ya casi está a punto de terminar el reparto. Tras años manipulando periódicos las manos de este hombre se han convertido en pura lija, ideales para dar collejas a los que aún no entienden el alma de Laudrup. Termina y se va a desayunar.

 

8:00 A.M.

Avenida de General Sanjurjo. Entra en el bar y se dirige a la barra. Coge una coca-cola y pide pincho de tortilla. Abre el Marca, lo cierra. Tararea “Gloria”, quedan cuatro horas para el partido. Aquí José Luis ya está jodido de verdad. Recorrió la ciudad repartiendo información, está cansado, esta hasta los cojones; pero ahora piensa en la pandilla de mequetrefes adolescentes a los que entrena y ahí ya explota. “Nadie entiende lo que digo mecagoenmivida”. La propuesta de este hombre es más parecida a los Melvins que al Barça del 92′, pero es que él se parece más a Buzz Osborne que a Cruyff. Cuando se cabrea entra en una cueva de aversión, donde los insultos surgen como estalagmitas. Repentinamente se acuerda de Puga: “Cojo de mierda”. El tío ya ha desayunado, los niveles de furia están a pleno rendimiento, le queda una hora de viaje en la misma furgoneta con la que lleva desde las 3 de la mañana, odia a la mitad del equipo que entrena porque no lo entienden y ya lleva puesto el chándal. Sale del bar, abre la Vito y saca ese chubasquero que tantas alegrías nos había dado a los jugadores. Arranca rumbo As Pontes y en su cabeza: acordeón, collejas, ganar balones divididos, jugar en campo contrario e insultos, muchos insultos.

 

 

 

Jolideis

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